Remedios que hacen peor que la enfermedad


Si bañan al perro, le dan una aspirina; si el gato recibe una paliza, vamos dándole antiinflamatorios; si tiene tos, diarrea o está muy inquieto, la misma lógica: se le medica en casa con lo que sea.

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Los fármacos que se utilizan en medicina veterinaria son, en su mayoría, los que se prescriben para las personas y en esencia cumplen la misma función. Sin embargo, las dosis y velocidades con que hígado y riñones los elimina para que no sean tóxicos en el organismo son muy distintas en humanos que en animales.

“Por ejemplo, los gatos son mucho más susceptibles a los antiinflamatorios y se les suele prescribir cada 48 horas; si se los doy cada 8 horas puedo matarlo”, explica la doctora Alicia Valdés, subdirectora de los Hospitales Clínicos Veterinarios de la Universidad de Chile. El médico es quien debe calcular la dosis en base al peso y especie, siempre.

“Una aspirina de adulto es como para un perro de 50 kilos; si esa misma tableta se la doy a un perro toy puedo generar efectos importantes. Tampoco sirve homologar a la mascota con un niño, porque un perro chico pesa 3 kilos, o sea, algo menos que el promedio de un recién nacido”.

Típicos errores

Analgésicos como ácido acetilsalicílico (aspirina), paracetamol y los antiinflamatorios alivian el dolor, pero pueden afectar de paso el funcionamiento de otros órganos, principalmente estómago y riñones.

La sintomatología será vómitos (incluso con sangre fresca), así como sangramiento a nivel estomacal o intestinal, lo que se evidencia con una defecación más negra. Si no se controla, el paciente puede llegar a sufrir una hemorragia gastrointestinal severa. En los gatos, el paracetamol provoca hemólisis (glóbulos rojos se rompen).

A diferencia de lo que ocurre con muchas personas, en perros y gatos el origen de las diarreas no se relaciona con que los movimientos intestinales se aceleren. Por lo tanto, las sustancias antidiarreicas están contraindicadas y hasta pueden empeorar el cuadro digestivo. Lo correcto es que el especialista diagnostique y trate la causa (de lo contrario se frena la diarrea, quedando oculto el problema real).

Los dueños también a veces dan antitusivos frente a cuadros de tos con flemas, impidiéndole al animal eliminarlas. Además, algunos tienen una combinación de drogas que en dosis mal calculadas pueden provocar somnolencia, taquicardia o algunos signos de tipo neurológico.

Mejor ni hablar de las personas que comparten sus propios calmantes con la mascota: el riesgo es dejarlo durmiendo más profundo de lo que se querría o incluso deprimir más aún el sistema nervioso central y afectar funciones básicas como la respiración, ocasionando un paro respiratorio.

La doctora Valdés agrega que en ocasiones los perros sufren una patología dermatológica llamada alergia a la picada de pulga, y la familia la confunde con tiña o sarna. “Dentro de la mitología urbana la gente les aplica parafina, que lo único que hará es quemar la piel, o creolina (desinfectante de pisos), que también es muy irritante”.

Tampoco faltan quienes les ponen cremas con corticoides (por ejemplo, betametasona), las cuales desinflamarán la zona, pero propagarán más la enfermedad cuando efectivamente se trate de sarna o tiña.

El problema no es sólo medicar, sino dar y quitar cuando a uno se le antoja. Los tratamientos a base de corticoides, por ejemplo, jamás pueden cortarse violentamente. “Eso genera disturbios importantes a nivel endocrino, corazón, piel, riñones; el paciente se descompensa y puede necesitar ser hospitalizado”.

fuente: clubmascotas.cl

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