Si con la llegada del otoño a su perro o gato le dio por dormir más de la cuenta… no se preocupe y no lo moleste.

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Los cambios de temporada y la menor luminosidad también son percibidos por ellos, con la salvedad de que tienen la suerte de poder aumentar las horas de descanso a su antojo.

Respetarles las horas de sueño es tan vital como preocuparse de sus comidas o de la actividad física, ya que -al igual como ocurre con las personas- durante este período el organismo libera sustancias que permiten crecer, relajarse y tener un desarrollo metabólico adecuado.

Mientras los cachorros llegan a dormir incluso hasta 20 horas diarias, el lapso disminuye a partir de los seis meses de vida, alcanzando un patrón normal de sueño que no debería exceder las diez horas al día; ojalá unas 8 horas continuas por la noche. Los gatos, en tanto, pueden dormir hasta 18 horas (no de corrido).

Algunos estudios indican, eso sí, que los canes sobrepasan normalmente esas diez horas, sobre todo si viven mucho tiempo solos y en departamentos o si sus dueños son sedentarios. En este contexto, la hipersomnia sería más bien una característica de su personalidad y parte de la rutina.

Por lógica, perros que viven en casa con patio, junto a otros animales o niños, se mantendrían mucho más activos y con patrones de sueños más cercanos a la normalidad.

Ojo con los síntomas

Según explica la directora de la Clínica Veterinaria San Blas y especialista en comportamiento animal, Daniela Navarrete Talloni, es esencial entonces “que los dueños se preocupen de observar y conocer bien el patrón de sueño habitual de sus mascotas, para estar en condiciones de detectar cualquier anormalidad, pues cuando estos trastornos surgen repentinamente suelen ser síntoma de otras patologías”.

El insomnio -que de día tiene al animal “botado” sobre la alfombra y de noche sin “pegar pestaña”-, suele ser signo de estrés ambiental, lo cual de paso genera otros problemas asociados como los ladridos intermitentes en la noche, los movimientos estereotipados, los lamidos excesivos (llegando incluso a hacerse heridas) y, por supuesto, los destrozos en el hogar.

A menudo este estrés se debe a malos hábitos que se mantienen al interior de la familia. Por ejemplo, perros que han desarrollado un hiperapego con su núcleo y que no toleran que se les abandone al oscurecer.

Tanto el insomnio como la hipersomnia repentina pueden estar hablando también de un cuadro de depresión (aunque éste suele ir acompañado de falta de apetito o desgano).

Otro problema que refieren los dueños es el de las mascotas que no descansan tranquilas, y están en permanente estado de alerta: “Me doy vuelta en la cama o alzo un poco la voz y al tiro se despierta sobresaltado”, es el típico comentario.

El riesgo de esta conducta es un animal que no logra reposar como debiera y que puede volverse irritable y agresivo. Sucede con mayor frecuencia en gatos.

Más que atacar el síntoma, la veterinaria recalca la necesidad de seguir un tratamiento integral, que a menudo es de buen pronóstico. Éste implica terapia farmacológica (según la causa de fondo) y un trabajo con la familia para modificar algunos hábitos que quizás están interfiriendo en la higiene de sueño.

Los tranquilizantes (que no son necesariamente sedantes) suelen prescribirse por 6 meses, aunque a los 15 días ya se notan cambios. “Además, como en los animales no existe el componente de sugestión, no se corre el peligro de provocar adicciones”.

Otra opción son las flores de Bach, siempre que sean administradas por veterinarios que conozcan las dosis adecuadas y se acompañe de terapia comportamental. A juicio de la veterinaria María José Navarrete, el castaño blanco, verbena, mímulus y achicoria son algunas de las esencias recetadas dependiendo del problema.

via: emol.com