El riesgo de olvidarse de los dientes



Aunque es difícil que un perro no desarrolle sarro, el cuidado dental lo puede resguardar de sufrir problemas serios, como la periodontitis.

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Tratar que su perro luzca una sonrisa radiante no debiera ser una simple pretensión, sino una preocupación permanente.

Recientemente, la médico veterinario del Hospital Clínico Veterinario de la Universidad de Chile, Sonia Madrid, realizó un estudio en una muestra de 250 perros y gatos que se encontraban hospitalizados por diversas causas, concluyendo que el 94% de ellos padecía adicionalmente patologías dentales.

A su juicio, prácticamente todos los perros desarrollan, por ejemplo, cálculos dentales, y los veterinarios no siempre andan pendientes de pesquisar este tipo de males, lo cual obliga a que los dueños estén más preocupados del cuidado de sus mascotas.

“Los cálculos dentales son bacterias que se adosan a la superficie del diente, formando una placa de color café amarillento, que se conoce como sarro. Las razas pequeñas están más predispuestas a presentar el problema de jóvenes, sobre todo si se alimentan con dietas blandas, ya sea comida casera o enlatada”.

La mejor manera de retardar la aparición de la placa bacteriana es lavándoles los dientes unas dos veces por semana (sin usar pasta para humanos, porque les genera gastritis) y dándoles galletas especiales que limpian la dentadura.

Si así y todo el sarro deja sus primeras huellas, significa que ya es tiempo de solicitar una limpieza dental, o destartraje; de lo contrario, más temprano que tarde puede aparecer la primera complicación: la tan temida gingivitis.

“Ésta se caracteriza por un enrojecimiento e inflamación de las encías sobre la pieza dental, además de sangramiento espontáneo, por ejemplo, después de comer”, agrega la doctora.

En estos casos, el paciente, de todas formas, tendrá que ser sometido a un destartraje (que exige anestesia general), un pulido especial y desinfecciones en toda el área bucal. Y a futuro, respetar los controles médicos cada seis meses.

Muchos propietarios no le prestan atención a la gingivitis y dejan que el problema empeore, hasta encontrarse con un animal cuya dentadura se ha puesto mucho más café, con una halitosis insoportable y encías cada vez más recogidas, donde incluso se puede observar una materia blanquecina entre las piezas dentales (como quesillo) y donde éstas han perdido tanta sujeción, que ya están por caerse. Es decir, un perro con periodontitis.

El riesgo no es sólo que a futuro la infección le genere una endocarditis valvular, sino que el can también puede sufrir osteomelitis (causante incluso de fracturas en los huesos de la mandíbula) y fístulas oronasales (el orificio donde estaba el canino queda comunicado con la nariz, lo que eleva la probabilidad de infecciones).

Y, ojo, la enfermedad es transmisible de los animales a las personas, y viceversa, por ejemplo, mediante la saliva (estornudos, lengüetazos).

Su tratamiento también pasa por un destartraje bastante exhaustivo -que obviamente durará más y requerirá mayor tiempo de anestesia-, pero a menudo además por la extracción de piezas y uso de antibióticos.

Via: clubmascotas.cl

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